02 febrero 2005

ESPERANZADOR TESTIMONIO DE UN SACERDOTE TETRAPLÉJICO

[En 1991, don Luis de Moya, siendo ya sacerdote del Opus Dei sufrió un accidente de tráfico en el que salvó la vida milagrosamente. En el choque sufrió la fractura de la segunda cervical, que le dañó la médula espinal y le hizo perder toda la movilidad y sensibilidad de su cuerpo, de cuello para abajo. Salvó la vida, pero tuvo que aprender a vivir con un cuerpo maltrecho, dependiente de los demás para muchas cosas. Casi todas. Publicado en el semanario ALBA (27-I-05).]

#110 ::Vita Categoria-Eutanasia y Aborto

por Juan Cañada

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Don Luís vive en Pamplona, y su casa es un lugar en el que se palpa el gran cariño que le tienen las personas que lo atienden. Es fácil entrar en su habitación y encontrarlo contestando él mismo algunos correos electrónicos en su ordenador adaptado o actualizando su página web: www.fluvium.org.
En 1991, don Luis de Moya, siendo ya sacerdote del Opus Dei sufrió un accidente de tráfico en el que salvó la vida milagrosamente. En el choque sufrió la fractura de la segunda cervical, que le dañó la médula espinal y le hizo perder toda la movilidad y sensibilidad de su cuerpo, de cuello para abajo. Entonces don Luís, una vez que supo que salvaba la vida, tuvo que aprender a vivir sin cuerpo, o con un cuerpo maltrecho, dependiente de los demás para muchas cosas. Casi todas.

Sentirse querido

Trece años después del accidente que lo ha mantenido al cuidado de los demás, afirma con rotundidad que “todo ser humano necesita de un ambiente en el que pueda sentirse querido, ya esté enfermo o sano, sea joven o adulto, necesite una silla de ruedas o no la necesite. Sentirse comprendido y ayudado por los demás es una necesidad del hombre. Tenemos sentimientos y corazón, nos alegramos de las buenas noticias de los demás, y lloramos con los que lloran. Los animales no lloran, ni ríen; el hombre, sí.

(ver el artículo completo)

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