07 octubre 2005

SOBRE LA EUTANASIA

[Aunque en los medios de comunicación y en la calle se trate de la eutanasia y del aborto de un modo tan superficial como si se hablase del agujero de ozono en la atmósfera y del cambio climático, son tristísimas realidades humanas y no conviene frivolizar con ellas en modo alguno.

Javier Aranguren aborda en este artículo la cuestión de la eutanasia con la profundidad y el rigor del filósofo, planteándose las preguntas fundamentales y evitando caer en el error de un enfoque sentimental. “El sentimentalismo – dice el autor- es una actitud que ciega a quien la ejerce, que empobrece la vida intelectual, que falla a la verdad porque no se interesa por lo que son las cosas sino por nuestras reacciones psicosomáticas ante ellas."

Algunos pretenden “vendernos” la eutanasia como si fuese un signo de civilización. Pero, ¿puede admitirse, de modo razonable, este planteamiento? La respuesta es un rotundo no. Lo que es un signo de civilización es justamente lo contrario: el respeto a la vida humana, en todas sus fases y en todas las circunstancias que pueda atravesar. La dignidad de la persona se fundamenta en el hecho radical de que es un ser humano –no es algo, sino alguien-, con independencia de cualquier otra circunstancia de raza, sexo, religión, color de la piel, salud o enfermedad, si es joven o ya anciano, si tiene habilidad manual o está discapacitado, si tiene más o menos coeficiente intelectual, si es rico o es pobre, etc.

Aunque de modo falaz se logre a veces –en una película lacrimógena o en un reportaje morboso- dar apariencia de bondad y de logro cultural a la eutanasia, en la medida en que se la presenta como una forma de luchar contra el dolor y el sufrimiento, es importante darse cuenta de que la eutanasia no es eso, sino que es eliminar a una persona humana y esto es incompatible con la civilización y con la bondad: es más, revela un desprecio profundo hacia la dignidad radical de esa persona a la que se mata, aunque sea a petición suya. Y no hay que olvidar que nadie pierde la dignidad porque tenga una enfermedad que le haga sufrir; lo verdaderamente indigno es que se pretenda basar la dignidad de una persona en el hecho de que no padezca ningún sufrimiento. Además, resulta especialmente contradictorio defender la eutanasia precisamente en estos momentos en los que la Medicina ofrece soluciones eficaces para tratar a los enfermos terminales y para aliviar el dolor.

Publicado en Nuestro Tiempo (nº 613-614, julio-agosto 2005).]


#221 Vita Categoria-Eutanasia y Aborto

por Javier Aranguren, filósofo

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Si hay una cosa que nos molesta a los que tratamos ser de natural ligero, a los que nos gustaría tomarnos la vida a broma, es que nos pongan ante temas serios. Peor aún es que esos temas nos resulten lamentables. Si por un lado la actitud de debate parece positiva (que se hable, se discuta, se busque la verdad), el que una sociedad llegue a poner en entredicho ciertos temas (y el de la eutanasia es uno de ellos) me parece un signo preocupante de la altura moral o humana en que dicha sociedad se encuentra. Así, Aristóteles decía que «Quien duda que haya que honrar a los dioses o a los padres no merece argumentos sino una reprimenda» (Tópicos, I, 11, 105ª). De modo que no puedo no mostrar mi enfado porque las circunstancias políticas me obliguen a pensar y defender un asunto tan serio como el valor de la vida humana. Permítanme por tanto comenzar disculpándome si mi exposición, mis argumentos, mi tono, no invitan a la sonrisa. Saldría bien pagado si por lo menos lo hacen a la reflexión.

Alguno se preguntara, ¿a qué viene tanta seriedad? Mi respuesta: porque nos encontramos ante un asunto sobre el que no conviene frivolizar. La sociedad del entretenimiento, de la productividad y de la prisa trata de que pasemos con rapidez por encima de todo, especialmente de lo grave, de lo importante. Les pediría que por un tiempo relativamente breve suspendamos nuestros relojes, nuestras gestiones, y adquiramos la disposición de pensar, de tratar de discernir el ser de la realidad (en este caso, ya lo he dicho, del valor de la vida humana) para de ese modo poder disponernos a actuar con justicia, a ejercitar la decencia.

(ver el texto completo)

2 Comments:

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