18 febrero 2007

CONVERSOS DEL SIGLO XX

[Son muchos los que se convierten: muchos más de los que algunos piensan. La mayoría lo hace calladamente, pero a veces —dice Juan Luis Lorda— “nos encontramos con casos de intelectuales que han vivido conscientemente su conversión como un proceso y son capaces de relatar sus etapas. Tiene un gran interés que personas con vida intelectual nos cuenten su conversión. Porque son más capaces de analizar y describir sus situaciones y evolución. Así su relato adquiere una fuerza, que es verdaderamente literaria, no por artificio, sino por la realidad que toca, que es profundamente humana.”

De G. K. Chesterton ha dicho Juan Manuel de Prada que “quizá ha sido el gran escritor católico del siglo XX, y uno de los grandes escritores de ese siglo”.


María Martínez López
dice en Alfa y Omega, hablando del mismo Chesterton: “Murió en 1936, pero predijo el Holocausto, la guerra más horrible de la Historia (y dónde empezaría), el nacimiento y la caída del comunismo ruso; que ‘se exaltaría la lujuria y se prohibiría la fertilidad’, que el aborto sería un signo de progreso…; que el Estado sustituiría a la autoridad paterna; que algunos cristianos alabarían ‘todos los credos menos el propio’. Así vio Chesterton un mundo del que decía que había que odiarlo tanto como para querer cambiarlo, y amarlo tanto para creer que vale la pena cambiarlo.”


El siglo XX ha estado marcado por choques ideológicos muy fuertes que influyeron en el modo de pensar de sus personajes más lúcidos, entre los cuales, sin duda, se encuentran los escritores.

Joseph Pearce ha publicado recientemente Escritores Conversos, ed. Palabra, 2006. (Literary Converts, ed. Ignatius Press, 2000). Estudia en este extenso libro las repercusiones que las teorías de Marx y Nietszche tuvieron en escritores como Bernard Schaw o H.G. Wells y en muchos otros, y como, en ese ambiente, se produjo un importante renacimiento artístico y espiritual que alcanzó a intelectuales y artistas que, desde el mundo anglosajón, ejercieron y siguen ejerciendo notable influencia en el mundo de la cultura. Se trata de los que Pearce califica ‘Escritores conversos’, entre los que se encuentran C.S. Lewis, J.R.R. Tolkien, Evelyn Waugh, Chesterton, T.S. Eliot, Hilaire Belloc, Graham Greene, Christopher Dawson, Malcolm Muggeridge, Ronald Knox, Robert Benson, Dorothy Sayers, Edith Sitwell, Maurice Baring, Siegfred Sassoon, etc., con cuyas vidas se cruzan actores como Alec Guinnes o Ernest Milton.

A una época marcada fuertemente por la incredulidad de una filosofía materialista, se le ofreció el contrapeso de una literatura más profunda, cargada de valores trascendentes, que constituyó una ‘red’ de inteligencias sensibles, que generó un renacimiento cultural, un nuevo testimonio de la fuerza creadora del cristianismo.

Dice Joseph Pearce: “Personalmente, yo soy un converso al catolicismo a través de la lectura de Chesterton, Belloc, Tolkien, Lewis y otros. Si no hubiera sido por esta corriente, puede que nunca me hubiera hecho católico. En mis viajes y mi correspondencia conozco a mucha gente que ha llegado o ha vuelto a Roma, al menos en parte, leyendo a estos grandes escritores. Todo lo que hace cada persona tiene consecuencias permanentes, porque estamos hechos para la eternidad, y en ella está nuestro destino. Estoy seguro de que el renacimiento católico ha ayudado a mucha gente a llegar al Cielo, o la ha salvado del infierno -¡quizá a mí también!-”

Se dice en Almudí sobre el libro de Pearce: “Llama la atención que, dejando de lado el influjo de la gracia de Dios, la mayor parte de esas conversiones obedecieron —como había ocurrido anteriormente con J.H. Newman— más a motivos racionales que a factores afectivos. Así, son frecuentes los casos de polemistas anticatólicos que acaban pasándose al lado de sus ‘adversarios’. En este sentido, admira su vigor y honradez intelectual.

“Prácticamente todos ellos, a raíz de su conversión y hasta el fin de sus vidas, realizaron una eficaz labor apologética, acometida incluso con mayor entusiasmo al de su anterior combate contra la fe.”

“Son conscientes de que cuando desarrollan ese apostolado están prestando un impagable servicio a la cultura y civilización de un mundo que ha perdido sus referencias, no ya específicamente religiosas, sino humanas. Esta convicción resulta estimulante para los católicos del siglo XXI.”

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Links in English:




Joseph Pearce, Literary Converts

Journal Seattle Catholic

The Catholic Faith Magazine

Book Reviews: Religion

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Publicamos a continuación un escrito de Juan Luis Lorda titulado Conversos del siglo XX. No se trata sólo de conversos en el mundo anglosajón, sino que habla de otras “vetas”: francesa, germánica, hispánica, eslava,…

Este texto procede en su origen de una conferencia publicada en Diálogos de Teología, V, Edicep, Valencia 2003, pp. 31-54; el escrito que ahora se publica, ha sido notablemente ampliado y puesto al día por el autor.]

#367 Varios Categoria-Varios: Etica y antropología

por Juan Luis Lorda

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1. Introducción

La importancia de los testimonios intelectuales de conversión

La fe cristiana, desde el principio, ha suscitado conversiones a su alrededor. Porque se anuncia como una llamada a la conversión (“convertíos y creed en el Evangelio”, Mc 1,15). Por eso son muchos los casos de conversiones. De la mayoría no nos queda testimonio o solo un testimonio genérico. En parte, por el comprensible pudor con que estas cosas se tratan. En parte también por la dificultad de poner por escrito un itinerario interior tan delicado: que exige percibir a cada paso lo que sucede y conservarlo con claridad en la memoria.


(ver el escrito completo)

1 Comments:

At 8:05 p. m., Blogger cambiaelmundo said...

Me considero uno de los fans del libro de Pearce, y un entusiasta de los personajes que aparecen, algunos de los cuales han supuesto un auténtico descubrimiento, como Dorothy L. Sayers o Roy Campbell; aunque mi favorito es -salvando al Capitán GKC- el inolvidable Waugh.

Me han maravillado especialmente dos cosas de esta gente, su largo y detenido itinerario racional, tratándose de gente con mucha sensibilidad artística, y su aprecio por la seguridad y la autoridad de la Iglesia en su fe, cosa siempre tan denostada.
Felicidades por este estupendo artículo.

 

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