26 agosto 2007

LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO

[Dale O’Leary es una conocida investigadora de la Asociación Médica Católica de Estados Unidos que es autora de varios libros y multitud de artículos. En su último libro “The Gender Agenda: Redefining Equality” denuncia los excesos de la ideología de género.

O'Leary describe en este libro cómo esta ideología considera que la masculinidad y la feminidad son “construcciones sociales”. Según esta teoría, el ser humano nace sexualmente neutro; más tarde es “socializado” hasta convertirse en hombre o mujer; esta “socialización”, dicen, afecta a la mujer negativa e injustamente. Por ello, su objetivo es deconstruir todos los modelos de comportamiento individual y social, incluidas las relaciones sexuales y familiares. Ven a la mujer como la clase oprimida porque deben soportar los embarazos y ocuparse de criar a sus hijos. Y concluyen que la única forma de eliminar esa opresión es eliminar la maternidad como función femenina.

Las feministas radicales piensan que las mujeres que desean casarse y tener hijos han sido seducidas y engañadas por los hombres. Las mujeres que no desean ese tipo de cosas se han liberado de tal engaño; esas “mujeres libres” tratan de liberar a las demás mujeres — les guste o no— de sus deseos de familia y de maternidad. No era fácil que un programa tan opuesto a los sentimientos naturales de la mayoría de las mujeres arraigase así por las buenas, por lo que el feminismo radical adoptó una estrategia menos directa para imponer sus principios, como explica Dale O'Leary:

“Debido a que esa revolucionaria ideología no logró la adhesión popular, las feministas radicales empezaron a poner sus miras en instituciones tales como las universidades, los organismos estatales y las Naciones Unidas. Así empezó la larga marcha a través de las diversas instituciones. En las Naciones Unidas encontraron poca oposición. Los burócratas que llevan la gestión diaria suelen tener simpatía por los objetivos feministas, cuando no son activistas directos. (…) Ni que decir tiene que las organizaciones feministas radicales han logrado imponer su programa con gran eficacia en la Sede de las Naciones Unidas de Nueva York y en diversas conferencias de las Naciones Unidas en todo el mundo (...) Por ejemplo, las feministas radicales controlaron la Conferencia de la Mujer de las Naciones Unidas, celebrada en Beijing en 1995.”

Precisamente gracias a esa Conferencia, la palabra "género" ha pasado en los últimos años a formar parte del vocabulario cotidiano, y la mayoría de las personas suelen identificarla erróneamente como sinónimo bien intencionado y elegante de "sexo". Nada más lejos de su verdadero significado, porque precisamente la palabra "género" se ha impuesto en la fraseología feminista como negación de la existencia de "sexos" en el sentido tradicional de la expresión.

Mientras que por "sexo" entendemos una realidad biológica (los hombres son del "sexo" masculino y las mujeres pertenecen al "sexo" femenino), la expresión género "se refiere a las relaciones entre mujeres y hombres basadas en roles definidos socialmente que se asignan a uno u otro sexo", según la definición que lograron imponer las feministas en la Conferencia de las Naciones Unidas celebrada Beijing en 1995. Ser hombre o ser mujer, según esa definición, no tiene nada que ver con la realidad biológica, sino con las funciones que se han asignado socialmente a uno u otro "sexo".

Por lo tanto, el género es una construcción totalmente distinta del sexo: el hecho de que ahora exista una correspondencia mayoritaria entre ambos es fruto únicamente de las tendencias sociales. La naturaleza es neutra, según esta teoría, y no se nace hombre o mujer: esta división es únicamente resultado de un proceso social. Al nacer, la sociedad nos asigna a uno u otro "género" en función de nuestra configuración genital. Tras esa asignación inicial, los niños son educados en la masculinidad y las niñas en la feminidad. Hombres y mujeres no existen como tales en estado natural, sino que son únicamente resultado de esos procesos o "construcciones sociales". Por eso, las feministas de género tratan de imponer a toda costa una disciplina de "deconstrucción" de esos géneros socialmente construidos, a fin de que todos -hombres y mujeres- seamos absolutamente idénticos, con preferencias sexuales indistintas y roles neutros.

Está claro, pues, que para esta nueva "perspectiva de género", la realidad de la naturaleza incomoda, estorba y, por tanto, debe desaparecer. Para los apasionados defensores de la "nueva perspectiva", no se deben hacer distinciones porque cualquier diferencia es sospechosa, mala, ofensiva. Dicen además que toda diferencia entre el hombre y la mujer es construcción social y por consiguiente tiene que ser cambiada. Buscan establecer una igualdad total entre hombre y mujer, sin considerar las naturales diferencias entre ambos, especialmente las diferencias sexuales; más aún, relativizan la noción de sexo de tal manera que, según ellos, no existirían dos sexos, sino más bien muchas "orientaciones sexuales".

En realidad, para el "feminismo de género" existen cinco sexos, como explicó Rebecca J. Cook, profesora de derecho en la Universidad de Toronto y redactora del informe oficial de la ONU en Pekín. Según Cook, los géneros masculino y femenino, serían una "construcción de la realidad social" que deberían ser abolidos. En el documento elaborado por la feminista canadiense se afirma que "los sexos ya no son dos sino cinco", y por tanto no se debería hablar de hombre y mujer, sino de "mujeres heterosexuales, mujeres homosexuales, hombres heterosexuales, hombres homosexuales y bisexuales".

Dale O’Leary coincide con otros sociólogos al indicar que el "feminismo de género" se inspira en la interpretación marxista de la historia como lucha de clases. Por esto, la meta de los promotores de la "ideología de género", es llegar a una sociedad sin clases de sexo. En este sentido, las "feministas de género" consideran que cuando la mujer cuida a sus hijos en el hogar y el esposo trabaja fuera de casa, las responsabilidades son diferentes y no igualitarias; y entonces se establece una relación desigual entre opresor y oprimida. Lo que no encaja en ese esquema es la decidida preferencia de muchas mujeres por esa forma de "opresión".

Según O’Leary, el "feminismo de género" es un sistema cerrado contra el cual no hay forma de argumentar. No puede apelarse a la naturaleza, ni a la razón, la experiencia, o las opiniones y deseos de las mujeres “normales”, porque las "feministas de género" insisten una y otra vez en que todo eso se debe a las "construcciones sociales". No importa cuántos argumentos y datos se acumulen contra sus ideas; ellas continuarán insistiendo en que todo ello es, simplemente, una prueba más de la conspiración patriarcal generalizada contra de la mujer.

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Una amplia entrevista a Dale O’Leary (en inglés) en relación con esta cuestión (“Gender - a new dangerous ideology”), publicada en Sunday Catholic Weekly Niedziela de la Archidiócesis de Czestochowa, puede leerse pulsando aquí.

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También puede ampliarse este tema con un amplio resumen (en español) titulado “La Ideología de Género: sus Peligros y Alcances”, preparado por la Conferencia Episcopal Peruana sobre la base del informe “La deconstrucción de la mujer” de Dale O’Leary. Pulsar aquí.

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Reviews of the book by two readers (a woman [A] and a man [B]):

[A]

“Are you aware of how those of us who support equality between men and women are being used by the radical feminists who want to change our very social structures to reflect their agenda? Are you aware of how these radicals, whose agenda could not gain support among the majority of women in America, are now working around us and through organizations like the UN to make the world they envision a reality? Are you prepared to live in a world where every career for women is acceptable except homemaker and stay at home mom which won't even be an option? Are you ready to live in a society where absolutely no distinction is made between male and female, where children get to "choose" their sex when they are older? If not, read this book.

The stealth operations of these feminists may not be known until it is too late to undue their damage. They use language that would seem friendly to ordinary people. They speak of family, health, children and what is fair. But under their carefully crafted language lurks policies that attack women who want to exercise their God-given right to assume traditional roles as mothers and wives, who want to rear their children, protect them from sexual exploitation and perversion, and who want to love their husbands. It is imperative to educate ourselves as to exactly how they are inserting their ideology into our social systems so we can prevent further damage to our society.”

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[B]

"The Gender Agenda: Redefining Equality", by Dale O'Leary, is one of the most important books I have read in the last few years. I learned more than I expected about the agendas and activities of feminists.

These feminists claim men and women are the same in all ways (physically, mentally, etc.), they despise full-time mothers (believing all women should work in paid jobs if they want to or not), and they hate religions. Religions stand in their way from the "freedom" to have sex with everyone and aborting any children that might result. Religions, of course, do not approve of homosexuality and promiscuity, and therefore, stand in the way of the ideal feminist world.

The author brilliantly sums up these supposed seekers of equality: "Ideologies should be judged objectively, but in studying feminism and the Gender Agenda, it is difficult to put aside the suspicion that the entire enterprise is a giant rationalization created by hurt women to justify their anger, grudges, and self-destructive behavior. Their abortions, sexual promiscuity, rejection of motherhood, and lesbianism seem more like the acting out that results from childhood trauma than courageous self-liberation. Sometimes it is easier to blame oppressive structures and demand that the world change, than to admit responsibility for one's own self-destructive behavior." (O'Leary 15)”

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Reproducimos a continuación un artículo de Dale O’Leary que fue publicado en el nº 443 de Alfa y Omega.]

# 400 Hogar Categoria-Matrimonio y Familia

por Dale O'Leary

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LA CUESTIÓN DEL FEMINISMO DE GÉNERO:
CORRIENTES DE PENSAMIENTO QUE OBSTACULIZAN
LA PROMOCIÓN REAL DE LA MUJER


La reciente Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre la colaboración entre el hombre y la mujer en la Iglesia y en el mundo comienza con un breve análisis de «algunas corrientes de pensamiento, cuyas tesis no coinciden a menudo con las finalidades genuinas de la promoción de la mujer».

En los últimos cincuenta años, la sociedad se ha esforzado por encontrar la forma de conciliar la igualdad fundamental de los hombres y de las mujeres con sus innegables diferencias biológicas. En el curso de los años 60, las mujeres protestaron contra leyes y costumbres que les reservaban un trato discriminatorio. Los Gobiernos respondieron emanando normas que garantizaron a las mujeres iguales derechos legales, igual acceso a la enseñanza e iguales oportunidades económicas, normas que las mujeres se apresuraron a aprovechar. Aumentó el número de las que proseguían los estudios llegando a la enseñanza superior, así como el número de mujeres comprometidas en actividades profesionales y en cargos públicos electos o designados por nombramiento.

En los años 70, el movimiento feminista, que había animado estos cambios, fue transformado por los radicales, que veían en las mujeres el prototipo de la clase oprimida, e indicaban como mecanismos de opresión el matrimonio y la heterosexualidad obligatoria. Esta corriente de pensamiento tomaba de Frederick Engels su análisis de los orígenes de la familia. En 1884, Engels había escrito: «El primer antagonismo de clase coincide en la Historia con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer en el ámbito del matrimonio monógamo, y la primera opresión de clase con la del sexo femenino por parte del masculino» [1].



(ver más)

1 Comments:

At 5:15 p. m., Blogger Fred Ritter said...

Su introducción y las dos reseñas sobre el libro de O'Leary me parecen muy instructivos. Me gustó mucho un artículo de Dawn Eden (www.unav.es/capellaniauniversitaria)que ilustra muy bien esta ideología, y con un "happy end".

 

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